Independencia venezolana: Proyecto socialmente excluyente
Rubén Alexis Hernández
Con bombos y platillos se celebraron en
el 2011 los 200 años del inicio oficial del proceso independentista en
Venezuela, en medio de la controversia originada por ciertas interpretaciones erróneas,
malintencionadas o acomodaticias respecto a las características sociales de la
época y al verdadero contenido del Proyecto de Independencia, en aspectos como la
igualdad efectiva de indígenas y ‘negros’. Algunas de esas interpretaciones,
producto más de una grosera manipulación histórica que de la ignorancia de sus
autores, correspondieron a ciertos historiadores, politólogos y abogados
ideólogos del Gobierno de Hugo Chávez, y prácticamente daban a entender que en
las primeras décadas del siglo XIX había una especie de igualitarismo racial, y
que la Independencia fue un proceso protagonizado por todos los grupos
socioeconómicos de la época, interactuando armónicamente en búsqueda de la
libertad. Evidentemente se trató de un intento forzado de magnificación casi
mítica del proceso independentista, con el objetivo de establecer paralelismos
sociohistóricos con el presente venezolano y de utilizar a la gesta libertadora
como herramienta coadyuvante para el sostenimiento y trascendencia del “socialismo”
del siglo XXI.
De entrada valga señalar que el proceso
independentista venezolano fue planificado y ejecutado por la oligarquía (blancos
criollos) de acuerdo a sus necesidades e intereses, y que la sociedad de la
época era eminentemente racista, prejuicio forjado durante tres siglos de
dominio de peninsulares y de criollos sobre indígenas, ‘negros’ y mestizos. A
continuación algunos detalles que evidencian el carácter absurdo de las interpretaciones
de quienes han visto en la Independencia un proyecto socialmente igualitario y
armónico.
En cuanto a los indígenas, cabe
mencionar que si bien se les otorgó la igualdad jurídica en los albores
independentistas, esto no significó que su calidad de vida haya mejorado
respecto al periodo colonial; al contrario, en algunos aspectos se vieron
notablemente perjudicados, como en el caso de la liquidación progresiva de sus
tierras comunales o Resguardos, gracias entre otras cosas a la mentalidad
liberal (no socialista) de las autoridades republicanas: “Las máximas autoridades republicanas,
abrazando los principios liberales de la época, se propusieron liberar las
tierras de los resguardos indígenas, para hacer de ellas un artículo de comercio
(…) constituía obviamente una vía fácil para atropellar y obstaculizar la
existencia de las modestas poblaciones indígenas” (Edda O. Samudio A.,
“Los Resguardos Indígenas en Mérida en el siglo XIX”, pp. 17-18). Marginados geográfica y socialmente, los
indígenas venezolanos aún luchan día a día por sobrevivir, esperando que se
cumplan las eternas promesas estatales de inclusión, dignificación y devolución de tierras. Al
igual que en el siglo XIX, los aborígenes son ciudadanos venezolanos por Ley,
pero en la realidad han sido personas rebajadas a una categoría ínfima.
Respecto a los ‘negros’, para muy pocos
es un secreto el hecho de que continuaron sometidos a la esclavitud hasta
mediados del siglo XIX, y que buena
parte de los criollos involucrados
en la Independencia eran propietarios de esclavos. De manera que es bien
absurdo cómo algunos pretenden hacer creer que los ‘negros’ fueron considerados
legalmente iguales; más aún, durante el proceso independentista sólo Bolívar
llegó a asomar la idea de que se aboliera la esclavitud, y no por razones filantrópicas
sino por motivos políticos y económicos. Recordemos en este sentido que el
Libertador prometió al líder haitiano Alejandro Petión, a cambio de armas,
barcos y soldados, hacer lo que estuviera a su alcance para abolir la
esclavitud en el continente americano. No obstante la anhelada abolición de la
esclavitud recién tuvo lugar en 1854, y aún así los ‘negros’ continuaron
marginados durante mucho tiempo.
En lo relativo a la supuesta interacción
social armónica en búsqueda de la libertad, se deben tener en cuenta las obvias
contradicciones entre los criollos, ‘negros’, indígenas y mestizos, hasta el
punto de que algunos autores han catalogado a la guerra independentista en sus
primeros años como una guerra social y/o racial: “Al término de esta etapa se
advierte claramente que los pardos y esclavos prosiguen sus luchas propias por
el logro de sus reivindicaciones de carácter social, sin llegar a conjugarse
con la lucha movida por los criollos (…) se vuelve realidad lo que los criollos
más temían, aquello cuya inminencia les había hecho desencadenar el proceso:
‘la guerra social’, que en algunos casos y en algunos niveles iba a convertirse
en guerra racial”. (Germán Carrera Damas. Una Nación llamada Venezuela,
p. 54). No fue sino después de la pérdida de las dos primeras repúblicas, cuando
los criollos se dieron cuenta que necesitaban integrar a todo el pueblo en
torno a la lucha independentista, como una necesidad común. Pero se trató de
una integración basada casi exclusivamente en la incorporación de ‘negros’,
indígenas y mestizos como tropa, sin que hubiera cambios significativos desde
el punto de vista social. Aquí es evidente que la demagogia de la mayoría de
los líderes independentistas fue superior a la posibilidad de construir una
Venezuela socialmente incluyente.
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